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Sunday, July 31, 2011

Cenizas

No fue una decisión apresurada, no fue una idea que surgiera de la nada.

LLevaba meses con el alma en un hilo, quizá años... con mi dolor empeorando cada día más, hasta los últimos días. Con el desinterés latente.
El dejar de frecuentar a los amigos no fue por simple apatía, era algo mucho más complejo que nadie se atrevió a comprender.

Uno a uno, los fui perdiendo todos, dejé de salir a las reuniones, dejé de salir a ejercitarme.. Dejé de salir incluso de mi habitación, al menos sólo para ir al trabajo, para no levantar sospechas, para hacer creer a todos que me encontraba perfectamente y no ocurría nada en mi interior.
Hacerles creer a todos, que el dolor de su partida, de su permanente ausencia no me lastimaba en lo absoluto, que no le extrañaba, que ya nisiquiera pensaba en él.
Todos pensaban que lo había aceptado, que él se había ido para siempre, aún cuando prometió que me querría por siempre, creyeron que yo había superado su pérdida. Saberle vivo, habiéndome dejando sola aún cuando le supliqué de rodillas que no lo hiciera... cuando le rogué por su amor y cariño, aún cuando me rebajé como un animal ante él, habiéndome puesto a sus pies, perdiendo toda mi dignidad...
¿Pensaron que no me había afectado todo aquello? Por favor... mis sentimientos quedaron reducidos a escombros y cenizas, mi corazón quedó destrozado, incapaz de amar, incapaz de volver a sentir algo más que dolor.

Hacía meses enteros que lloraba a solas en mi habitación, en el baño del trabajo, en el auto, en la calle....
Hacía meses enteros que no podía dormir, su recuerdo se infiltró incluso en mis sueños, la tristeza de todos los días, de la cual sólo podía escapar mientras dormía, también se coló en mis sueños... Era doloroso permanecer despierta, pero era aún igual de doloroso intentar dormir y ver su rostro junto a mi. Se volvió una lucha constante contra su recuerdo, una lucha contante contra mí misma...

No fue una decisión de un arranque de ira, de una depresión incontenida de una noche.
No.

Mi vida ya no tenía sentido, nunca pude perdonarme por haber perdido su cariño.
Como le dije alguna vez "cualquier triunfo material no podrá llenar nunca el vacío en mi corazón de haber perdido tu amor por un error mío, podré triunfar en el trabajo, llenarme de logros terrenales, pero jamás me perdonaré no haber podido conservar el verdadero amor a mi lado".. Vivía con ese sentimiento de culpa, ese odio contra mí misma, ese sentimiento de fracaso.
Nadie supo ayudarme, o tal vez no acepté ayuda de nadie. Me ensimismé tanto dentro de mi fracaso, dentro de mi tristeza, que no pude ver el exterior, no pude ver mas allá de mi dolor.

Y lo pensé por semanas, lo medité por días y noches enteras..

Hasta que decidí que no podría seguir soportando ese dolor, no podría soportar más la ausencia, el miedo, el coraje, el vacío...
No quería continuar mi vida sin él a mi lado, porque la vida sin él no era más que un camino sin sentido. No había color, la alegría se había esfumado por completo, todos los días era un calvario, un martirio, una agonía interminable.
Lo hice y pido perdón por ello, aunque sé que de nada sirve. Detrás de todo ello, dejé una estela de tristeza y desesperación, de interrogantes sin respuesta, de culpabilidad y reproches...

No fue culpa de nadie, sólo mia. Yo fui egoísta, yo fui la que no quiso ayuda de nadie. Yo fui la que se encerró en su amargura y odio, en la tristeza y desesperación.
Pero lo amaba, con mi alma, mi corazón y todo mi ser, lo amaba y no podía soportar su rechazo...

La noche antes de que encontraran mi cuerpo, le envié un mensaje que decía:
"Podría morir mañana mismo para demostrarte lo mucho que te amé de verdad, pero sé que ni así importaría"... No hizo nada para evitarlo, ni una llamada, ni un mensaje en respuesta. Lo ignoró como me había ignorado por tantos años...

Y lo hice.
Respiré profundo, llené mi cabeza de recuerdos felices, sentí mi corazón en las sienes y cómo las venas se llenaban de adrenalina. LLené mi corazón con su rostro, con su tacto, su recuerdo.. y salté.

Ahora sé que le importaba, le importaba mucho.
Pero ya no puede demostrarlo.
Estoy aquí, sin alma, con mi cuerpo hecho cenizas, encerrada en este nicho, escuchando sin poder hacer nada, cómo ahora él llora por mi.

nadH.

Wednesday, May 11, 2011

Esquizofrenia

¿Qué es de mi propia existencia sino una vida llena de falsedades?

Ni siquiera sé si tengo control sobre mis propios pensamientos, o si mis pensamientos me controlan a mi. Tengo miedo de volverme una maniática algún día y terminar en las primeras páginas del diario diciendo que asesiné a mis hijos. Por eso nunca tendré hijos, nunca soportaría tantos cambios en mi cuerpo. Sería truamático....

Más traumático que cualquier otra de las pocas experiencias estúpidas que han logrado hacer mella en mi frágil mente, recuerdos que como hoy me impiden conciliar el sueño. Esas voces, esos rostros permanecen en mi cabeza como fantasmas nocturnos. Casi juraría que escucho las voces y que regreso a esos lugares... y la ansiedad y desesperación hacen presa de mi.

Tengo miedo, mucho miedo a mi propia mente. Estoy conciente de que nunca me libraré de ella y seremos compañeras por siempre, tengo que aprender a vivir con ella antes que logre terminar conmigo.

Estos últimos años ha logrado hacer que lentamente me autodestruya. A veces ni puedo verlo, pero sé que estoy terminando conmigo misma. Me niego a escuchar, me niego a cambiar. Me aferro a los mismos hábitos destructivos cada vez. Lloro descontroladamente por las noches y evito hacerme daño golpeando cualquier objeto inanimado que se me cruce en el camino... haciéndome daño en las manos y a veces en el rostro, accidentalmente cada que tengo ocasión.

Las fluctuaciones de peso no son novedad, es rutinario en mi vida... tratando de mantenerme siempre por debajo del ideal, tal vez así tenga menos posibilidades...
Dispuesta siempre a los accidentes, a veces tratando de provocarlos.

Estoy segura que mi mente, intenta terminar conmigo.
Mi propia mente está tratando de matarme.

nadH.

Sunday, April 03, 2011

Cerrando Circulos

Y me lo he preguntado tanto tiempo.
Y he llorado mares y me he consumido con el tiempo.
Te he extrañado eternidades completas, las noches son un infierno recordando.. pensando ¿dónde estarás?

¿Por qué te amo tanto?
¿Por qué no fuiste capaz de entenderlo?

El amor no es eterno como dicen algunos. Nisiquiera dura lo suficiente para sentirse seguros. A veces se gana y a veces se pierde.

Yo perdí.

Esa indiferencia mata sueños e ilusiones.
Mató toda la ternura que albergó mi alma, mi interior.

Me aferré a ti con todas mis fuerzas, sin éxito alguno.
No importó demostrar todo mi cariño, no importó hacer tonterías. Por el estúpido amor.
No importaron todos los besos robados, ni las sonrisas dedicadas. No importaron las confesiones y las lagrimas derramadas. No volviste.
Tú sigues aquí, pero yo me he negado a marcharme, porque nunca he querido dejarte a pesar de todas las humillaciones y el dolor que sintió mi cuerpo.
Ojalá pudiera odiarte.
Pero sé que no importa lo que sienta, no importa todo lo que haga por ti, no importa todo lo que diga.
Las palabras sólo son palabras y al final se las lleva el viento, puedes escucharlas hoy pero olvidarlas mañana. Al final, sólo continuarás humillandome.

Si no me voy yo, no conseguiré olvidarte nunca.

¿Pero cómo olvidar a quien te regaló tanta felicidad?
Recordarlo ahora, sólo me trae amargura.

Te quise, con toda mi alma, todo mi corazón. Te amé. De verdad te amé como no tienes idea. Fuiste la persona más valiosa de mi mundo. por quien me preocupaba en serio. Fuiste la persona por quien yo hubiera dado mi vida. Fuiste todo. Mi amor, mi compañero, en quien derramaba toda mi ternura, mi sinceridad, toda mi confianza. Por ti yo hubiera hecho lo que fuera, te hubiera seguido a donde me pidieras, porque confiaba en ti. Eras mi sol, mi aire, el milagro de la vida, el milagro del amor. Lo más hermoso que mis ojos hubieran visto. Mi amor.

Traicionado. Terminado.

No existen palabras para describir mi dolor, mi inanimidad, mi carencia de sentimientos.
Nada será igual. Nada me importará igual. Tu frialdad, me lastimó interiormente.

Ahora, yo me iré y espero por favor, que no me sigas.

Ya no quiero verte.

nadH.

Monday, February 14, 2011

Cartas

Y ella envió la carta.
Una carta suicida, una carta donde no pedía más que ayuda.

Una ayuda que el lector no brindó.

Realmente no pensaba suicidarse, y es probable que el lector imaginara eso, ella no se quitaría la vida.

Muchas veces atrás ella habló de su deseo de morir, pero nunca lo llevó a cabo. Siempre fue cobarde, siempre dudó. No era lo suficientemente egoísta como para irse del mundo así nadamás. No se sentía con el valor de ver llorar a su padre en su sepelio, ver la desesperación de su madre y la tristeza de sus hermanas... pero anhelaba desaparecer del mundo.

Mucho tiempo atrás ella perdió las ganas por vivir. La vida dejó de significar un reto, dejó de importarle todo cuanto sucediera a su alrededor. Miraba a la gente con envidia, porque todos ellos eran capaces de vivir su vida tranquilos, felices... mientras ella albergaba dolor en su alma, un dolor que no podía liberar, una tristeza infinita que no era capaz de dejar atrás.
Pidió ayuda tantas veces...
Sólo anhelaba encontrar la felicidad, pero no sabía cómo. Todo era tan confuso, tan pesimista, el mundo entero parecía caerse a pedazos frente a ella.

¿Qué hacer cuando nadie parecía escucharla? A nadie le importaba lo que sucediera con ella.
Era sólo un número más, un empleado más, una mujer más. Sólo era parte del sistema, una esclava, un sirviente más, sin derechos, sin felicidad, sin libertad. Era un zángano ocupado en enriquecer a otros, mientras robaban toda su dignidad.

El lector sabía que ella no se quaría la vida... e ignoró su carta.

Ella albergaba odio en su interior, cada día, todos los días. Nunca expresaba su dolor, nunca expresaba su angustia, la tristeza que tenía dentro se quedaba dentro, con ella.
Su salud comenzó a decaer todos los días, poco a poco pero constantemente.
Un día no se presentó a trabajar, ya no pudo levantarse de la cama. La enfermedad había terminado con su cuerpo, con su voluntad, con toda ella.

Un día antes, como todas las noches, se recostó temprano y sin poder conciliar el sueño, lloró para desahogarse, para liberar de esa manera su dolor. Lloró por horas, como nunca antes había llorado, derramó todas las lágrimas que existían en su interior, liberó todo el dolor que tenía dentro. Lloró tanto, que se secó por dentro.

Ya no hubo ruido alrededor, ya no hubo dolor, ya no hubo tristeza. Ya no hubieron más lágrimas que salieran de sus ojos.
Se secó por dentro, la vida se le fue en el llanto.
Miró al rededor una vez más y sonrió para ella misma. Cerró los ojos y no los volvió a abrir nunca más.

El lector ignoró todas sus cartas suicidas, ignoró toda la ayuda que ella pidió porque estaba seguro que ella jamás se quitaría la vida...
Y tenía razón.

La vida se fue de ella, no ella de la vida.


Xkándä

Tuesday, February 08, 2011

Benjamin.

Y cómo decirlo... una vez más, cientos de veces más.

Que lo extraño.
Hoy y mil veces, lo extraño.

Puedo vivir mi vida sin él, lo sé. Pero la vida me resulta dolorosa e insípida.
Puedo hacer muchas cosas sin él.

Levantarme cada mañana, ver salir el sol, caminar por la ciudad, comer... dormir...
Pero no puedo hablar para expresar cuánto dolor siento, no puedo doblarme ante la vista de todos y dejar escapar las lágrimas que mis ojos han contenido hoy, como tantos días.. como tantos años.

Tantas noches sin estrellas desde que él se fue, he dormido sola en mi cama, aguardando su regreso, aquél que sé jamás volverá.
Aún permanece su aroma en las sábanas, en su almohada... o eso creo yo.
La vejez y la senilidad han hecho mella en mi.
Ojalá tuviera la vitalidad que tuve hace tantos años, sé que reconstruiría mi vida, la vida que día a día se me va de las manos, se desmorona mi mente, mi cuerpo, mi corazón falla.

Oh... si supiera cómo duele su ausencia...

Casi no puedo recordar su rostro, pero mi corazón recuerda que lo amó con cada latido de mi ser, mi cuerpo extraña su piel, los latidos de su corazón cuando dormía junto a mi, el beso de las buenas noches en mi frente cuando se acostaba a mi lado, justo como todos los días.

No puedo decir que no lo necesito, él era viejo igual que yo.
Envejecimos juntos pero después el se marchó... Sé que no volverá, pero estoy segura que pronto, pronto me reuniré con él...



Xkándä

**Benjamin Button... "The Curious Case Of Benjamin Button Soundtrack"

Monday, January 24, 2011

Discurso 4

Para morir, no se necesita dejar de respirar. Se necesita dejar de vivir.

Para vivir, no sólo basta con respirar, hay que sentir, creer, amar, confiar, descansar, sonreír, hay que interesarse, apasionarse por realizar las cosas, apasionarse por la vida.

Uno deja de vivir cuando le faltan cosas esenciales, cuando se pierde ese interés esa pasión por la vida, cuando se pierde el sentido de uno mismo, cuando se pierde la sensibilidad se deja de ser humano.

Hay ocasiones en que dejamos de lado el mundo que nos rodea y nos encerramos en nosotros mismos, cerramos la puerta al destino, al futuro y nada puede importar.

Existen momentos en la vida en que uno se siente desanimado, decaído, frustrado, desorientado. Uno se deja caer y ve su mundo derrumbarse. Se siente solo.

La soledad no es la peor arma que puede matar en vida a un ser humano: es la desesperanza, el desánimo. Perder la vitalidad, la pasión por la vida y abandonarse a sí mismos es la peor arma.

Se puede tener un centenar de amigos que intenten levantar el estado anímico de las personas, pero si ésta no siente el deseo de superarse es difícil. A veces, no es que uno no quiera levantarse un día y decir “Estoy bien, hoy es el día en que recuperaré mi ánimo, mi alegría”, No es tan fácil cuando tu cuerpo ha pasado por un período de muerte lenta, que se lo comió por dentro, que extirpó las ganas de seguir.

Cuando se dispara el detonante, tu mente se desmorona, tu cuerpo decae y pierde fuerza, pierde todo el deseo de levantarse. Llora hasta el punto en que los ojos se secan y por más tristeza que se sienta en el interior, no hay manera de llorarla. A veces, el dolor abruma el pecho, pero no puedes gritar del dolor, sólo deseas llorar para mitigarlo, para hacer que se vaya. No puedes dormir por las noches debido al dolor en el alma que lo sientes palpable y punzante en el pecho, en las sienes, ves pasar las horas una por una sin ninguna expresión en el rostro, al salir el sol, no existe fuerza humana que logre levantarte de la cama, tu cuerpo se niega a obedecer, se niega a levantarse. No puedes comer, no puedes dormir, no puedes llorar… vives una muerte lenta cada día, con el dolor en tu mente y en el alma, con aquél detonante devastador, que te recuerda una y otra vez que tu vida era otra, que eras alegre y que podrías serlo si te lo propusieras. Pero tu cuerpo se niega a escuchar. Sólo quiere permanecer inmóvil, sabiendo que afuera la vida no es la misma, que de un día a otro el sol perdió su calor, las flores perdieron su color y aroma, el viento no canta cuando sopla, no puedes sentir sus caricias en tu rostro. Tienes el recuerdo del viento en tu rostro, del perfume de las flores, del calor del sol, de las luces y la magia de la noche, los aromas, las sensaciones y te niegas a perder el recuerdo, te niegas a aceptar que nada de eso volverá a ser igual y te encierras cada vez más en tu mundo creado para protegerte de la adversidad que te rodea.

La decisión es de cada quien, seguir viviendo en un mundo ficticio, ajenos a lo que nos rodea, negarnos a aceptar y vivir lo que la vida nos regala.


Xkándä

Saturday, December 25, 2010

Vacío.

Miro hacia afuera de ésta misma habitación desde donde siempre he mirado hacia afuera desde que comencé a escribir, hace unos 10 años.
Veo que nada ha cambiado del todo.
Comparando el tiempo anterior con la actualidad, no podría decidir si me encuentro mejor o peor a como estaba hace 10 años... al menos, en aquél entonces, tenía conmigo a mi soledad compañera. Ahora siento que ella misma me rehúye.

Me sentía a gusto en su cálida compañía, día tras día, ella siempre junto a mi; me hablaba, me hacía amena su compañía. Recuerdo que pasaba horas enteras contemplando su maravillosidad, ella y yo en mi cuarto, leyendo un libro, esculcando entre las vísceras en busca de sentimientos transmisibles. Estuvo conmigo gran parte de la carrera, siendo siempre mi compañera, en casa estuvo conmigo cada momento... hasta que me obligaron a dejarla.

La evité cuanto más pude, la dejé de lado.
Y ella lentamente fue cediendo, hasta que se marchó.

Me acostumbré al transitar de la gente, a la voz sonora de sus palabras, a la embriaguez de sus reuniones, al calor de su compañía. Rodeada de personas vacías que obligaron a mi mejor amiga a marcharse, a llevar su inspiración a otro lugar.

Pero ahora, las personas se han ido, las embriagantes reuniones han terminado dejando solamente el vacío de su inpresencia. No existe nadie, ni la soledad en quien pueda ya confiar.
Ella está cerca, pero siempre me ignora, ya no me susurra palabras cálidas de esperanza, ya no me muestra la majestuosidad del mundo viviendo con ella.
Ha dado paso al vacío.

Me juega bromas pesadas que me invitan a no dormir, que llenan de veneno mi cabeza siempre punzante, mi dolorido corazón siempre vacío. Y la veo, la veo burlarse de mi, siempre atenta a mis convulsiones nocturnas, cuando lloro y me desgarro sientiendo el frío del vacío, haciendo sordos mis gritos y lamentos, haciendo ciegos mis ojos a la esperanza.

¿Qué puedo sentir? De día miro a mi alrededor y ella está lejos, mis sentimientos se han escapado de mi interior, no hay tristeza, no hay júbilo, no hay amor, no hay esperanza. Sólo puedo ver el vacío, la inmensidad del mundo que ya no alberga nada para mi, que pasa intransigente, que poco le importa lo que yo pueda hacerle, de lo que pueda valerme a través de él. Un mundo que ya no me ofrece nada, nisiquiera tranquilidad, donde puedo observar el amor, la dulzura y la misericordia de los demás pero no para conmigo, donde ya no puedo sentir nada, ni la pasión desbordante al dar un beso, ni la alegría al ver a los pequeños jugar. No anhelo nada, no espero nada, no me interesa nada.
Despierto cada día no con la esperanza de vivir, sino con la esperanza de un cambio que haga mella en mí. La esperanza vaga de recuperar una esperanza.

Mi soledad se fue dejando tras de sí un enorme vacío.

Xkánda.

Tuesday, October 26, 2010

Preguntas...

Tengo miedo.
Siento la grandeza del mundo sobre mi.
Siento que estoy en un espacio de dimensiones magníficas, pero desconozco su funcionamiento... No sé donde estoy, no sé que hago aquí.. no sé cual es mi función.
Me siento perdida.
Estoy en un lugar inmenso, con miles de lugares inexplorados, millones de personas habitan en él... y aún así me siento sola.
Donde quiera que volteo, veo personas, movimiento.. vida.
Donde quiera que miro siento desconfianza, miedo.. desesperanza. No existe ni un solo ser en el mundo en quien pueda confiar, nadie con quien pueda contar, nadie con quien compartir.
Mi corazón se muere cada día que pasa, me he suicidado ya tantas veces que no sé cuantas más pueda aguantar.
En esta vida no hay amor, no hay cariño, no hay afecto, no hay diversión, no hay pasión... no hay un motivo por el cual vivir. Ya no existe nada.
¿De qué serviría? Sólo ayudaría a prolongar el sufrimiento, alargaría el dolor y la angustia. Matizaría el odio y la tristeza.
¿Para qué? ¿para qué amar?¿para qué sentir?¿para qué vivir? ¿Qué es esa chispa que mueve a la gente? ¿qué la motiva a hacer las cosas?
¿Sus lazos familiares?¿lazos afectivos?¿estima, cariño, AMOR?
¿De qué sirve y para qué sirve?
¿Cómo podría saberlo una persona que no confía en nadie?¿que no habla, que no siente?
¿Qué motiva a seguir viviendo a un huérfano, si le han quitado todo lo que quería? ¿para qué vive?
¿Para qué vivo yo, si lo único que quería es una ilusión? No existe.
¿Para qué vivir si no existe un futuro, si se detesta el presente y se desea olvidar el pasado?
¿De dónde te agarras? ¿Qué haces? ¿Con quien hablas?
¿Qué esperanza tiene un vagabundo, al saber que nadie le espera en ningún lado, nadie lo escucha, a nadie le importa?
Eso soy yo. Así me siento. No veo un futuro y no me importa. No sé para qué vivo el presente, si no me importa...
Sólamente estoy ayudando a morir lo que me quedaba de esperanza.. porque tenía una..
... y se está muriendo.

¿La vida?
La vida no vale nada.

Xkánda.